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Diario de un Confinamiento: Farmacia de Las Regueras, Sonia y Lisy la sonrisa tras una mampara

Publicado el 18/04/2020 El tapin Diario de un Confinamiento: Farmacia de Las Regueras, Sonia y Lisy la sonrisa tras una mampara

Sonia es farmacéutica y junto a Lisy, su auxiliar, forman un tándem perfecto. Están al frente de la única farmacia de Las Regueras y ofrecen a los vecinos no solo los medicamentos que ayudan a mejorar su salud  también una sonrisa que mejora el ánimo en tiempos tan duros como los que nos toca vivir. Una botica en una zona rural siempre es un privilegio, pero ahora más que nunca porque evita los desplazamientos con los riesgos que estos conllevan.

El coronavirus ha llevado a muchos a trabajar desde sus casas, el teletrabajo no es posible en una farmacia, así que el equipo Sonia-Lisy acude diariamente a atender sus compromisos profesionales.  Son muchos los cambios a los que se enfrentan,  el primero pasó por colocar una mampara ante el mostrador y una cinta delante que indica como  guardar la distancia.  No más de una persona en el interior y el resto haciendo cola afuera.  Hasta que el COVID19 llegara a nuestras vidas la farmacia de Santullano era, sobre todo en horario de mañana, un hervidero de gente que intercambiaba pareceres sobre su tensión arterial, su nivel de colesterol o incluso comentaba sus planes para el fin de semana.  Todo esto forma parte ya del pasado.

¿Cuál ha sido la principal modificación en vuestros hábitos de trabajo?

No estamos las dos atendiendo a la vez, nos turnamos. Una de nosotras tras el mostrador y solo una persona delante de él. Tal y como está diseñada la salida de nuestra farmacia es mejor así para el público. 

Tras prestar el servicio desinfestamos muy bien las manos, hemos manipulado dinero y recetas, luego a por el siguiente.

Tampoco es posible dar el servicio como antes, dedicabas más tiempo a explicar cómo tomar el medicamento ahora cubres lo básico.

Todo es más aséptico, nosotras tras la mampara y los que vienen con mascarilla, así resulta difícil comunicarse, realmente es terrible y después ese nerviosismo que nos afecta a todos, aunque fue más intenso durante los primeros quince días de confinamiento. No sabías a lo que te enfrentabas, todo eran dudas.

¿Hay más carga de trabajo?

Sí. La gente no va personalmente  al consultorio médico, llama por teléfono a Zoraida, es la médica de Las Regueras, les hace las recetas que luego ella o Carlos, el enfermero, nos traen a al final de la mañana o cuando pueden. Entre tanto nos llaman para saber si sus recetas ya están listas, así que en estos momentos una de nosotras tiene que estar exclusivamente para atender el teléfono.

Las primeras semanas fue una locura en cuanto al tema de mascarillas y gel.

¿Miedo al contagio?

Es lógico, aunque la mampara protege bastante y como ya he dicho tomamos muchas precauciones. Al principio el miedo era mayor, ahora tienes mas claras algunas pautas. Pero sinceramente el miedo no es solo por nosotras,  hay otro problema añadidos si una cae la farmacia cierra y esto resultaría fatal para los vecinos.

¿Disponéis de un servicio a domicilio?

No como tal, no hay tiempo ni infraestructura. El Ayuntamiento lo hace y por nuestra parte siempre aprovechamos los viajes de vuelta a nuestros domicilios para hacer llegar algún medicamento. Lo hacemos en casos concretos para ayudar siempre con todas las medidas de seguridad para no contagiar a nadie

Sonia cuenta emocionada como hace tan solo unos días dejó sus medicinas a una vecina de Escamplero en la ventana de su casa, ésta  aguardaba en el interior y agradecida le envió un beso. “Terminamos las dos llorando, realmente no sabes lo que es el calor humano hasta que lo pierdes”.

(De momento solo nos queda eso, besos en el aire)