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Adiós a los guisos de Conce

Una cocina tradicional, platos sabrosos, abundantes, precios muy razonables y un trato familiar.

Publicado el 01/10/2017 El tapin Adiós a los guisos de Conce

Hace más de un año que la famosa cocinera Conce (la de la Cabaña) concedió una entrevista a este medio. Habló de sus años al frente de los fogones en los dos negocios de hostelería que regentó en Santullano y ya entonces nos adelantó que se acercaba el momento de tomarse un respiro.

Ahora que se jubila recuperamos para nuestros lectores el artículo que le dedicamos con el deseo de que disfrute, con los suyos, del merecido descanso. Echaremos de menos sus guisos, también su carácter dicharachero y alegre.

Ella y su familia dejan el negocio, pero los fogones seguirán encendidos con nuevos gestores al frente... para los que llegan "que toda salga bien"

 

LA CABAÑA DE CONCE

Conce Álvarez es natural de Grado, llegó a Las Regueras por su matrimonio con Manolo y se quedó a vivir en Andayón. Durante un tiempo trabajó en un bar de Pravia y en 1993 comenzó su andadura al frente de un negocio de hostelería y también tienda en Santullano, en el histórico local que hay en la plaza del Ayuntamiento, allí estuvo hasta el años 2005. Durante este tiempo sus padres le echaban una mano, su marido que trabajaba como profesor en Oviedo, ayudaba cuando podía y sus hijos aun siendo pequeños también se repartían tareas. Por aquel entonces solo servían menús por semana, no los sábados y domingos.

Recuerda como fue el cambio al lugar donde ahora se encuentra, a tan solo unos metros del anterior, junto al centro de salud. Lo que hoy es el bar había sido la sede de una entidad bancaria, en la zona de la barra en la que estamos charlando había una caja fuerte, donde en la actualidad está la tienda era el acceso a la vivienda que aún existe en el segundo piso, y la  cocina  donde Conce pasa largas horas era nada menos que un molino en el que si mirabas al techo veías directamente las tejas. Adecuar las instalaciones no fue tarea fácil y llevó un año entero, en este tiempo tenían estanco y tienda, la falta de espacio les hacía colocar en el exterior junto a la fachada la mercancía, por aquel entonces vendía desde fesorias hasta alpargatas. Mientras avanzaban las obras, a veces el desanimo pesaba en nuestra protagonista y le decía a sus hijos... "esto no va a pasar de ser una cabaña". Y así surgió el nombre "La Cabaña de Conce", dándose la casualidad de que su casa natal tenía como apodo La Cabaña y de que su hermano regenta en Tenerife, la Tasca La Cabaña.

El negocio de Santullano a orilla de la carretera a Grado, visto desde afuera no aparenta ser tan grande como es en realidad ya que además de la pequeña tienda y estanco, y de la zona de chigre, hay dos comedores con cabida para 30 y 20 personas respectivamente, una amplia terraza que hace las delicias de todos para tomar el vermut y un bonito jardín trasero con zona especialmente habilitada para los niños.

La cabaña se llena de gente bien temprano, a primera hora llegan obreros,  luego los pacientes del centro de salud que está al lado, y todos aquellos que vengan a hacer gestiones al banco o al Ayuntamiento. Los parroquianos van a tomar un vino, y a jugar la partida de cartas, unos la matutina otros la del final del día. Sobre el mostrador siempre encontraremos unas galletitas y unos cacahuetes para acompañar la consumición, de vez en cuando te pasan con la bandeja con pinchos, se puede decir que uno va a tomar el café y sale de allí saciado.

También es la sede de la Peña Azul de Las Regueras y eso congrega a los aficionados al Oviedo cuando hay un partido, o simplemente cuando hay ganas de hacer un poco de vida social. Varios jugadores del equipo y directivos del mismo pasaron por este local.

La tienda en la que nos podemos encontrar desde chorizos a unas galletas no es un negocio boyante, pero según me cuenta le da un poco de pena no continuar con ella porque los vecinos cuando se ven con falta de algo van allí, de otra forma no tendrían un lugar próximo al que acudir.  

Mientras  Conce está en los fogones regentan el bar su marido Manolo y su hijo Pablo, aunque a este último también le gusta perderse en la cocina, y los domingos que es cuando más apuro hay, es una valiosa ayuda. Claro que aquí también colaboran la madre de Conce y su hija Patricia cuando su otro trabajo se lo permite, mientras que Daniel el marido de esta sirve a los comensales. Un negocio familiar, donde sin duda la complicidad entre ellos es una de las bases de éxito.

Ofrecen un menú semanal con tres platos a elegir de primero y dos para el segundo. Los fines de semana tienen cuatro primeros, repollo relleno, pote, paella y salpicón; a continuación se puede optar por cabrito, entrecot, escalopines, lenguado o bacalao. Los postres caseros, tarta de turrón, charlota, arroz con leche, frisuelos, tocinillo, milhojas...

El comensal pide sobre todo el repollo relleno, que se comenzó a preparar simplemente porque en los establecimientos de los alrededores nadie lo ofrecía, y que llegó a convertirse en algo así como la especialidad de la casa, el cachopo La Cabaña, el cabrito y de pescados bacalao, mucho bacalao. Hay unos exquisitos callos en temporada de invierno y también se preparan piezas de caza. 

Mención especial merece el pan artesanal que elabora para acompañar el menú los domingos, suele hacer unos 7 panes de casi dos kilos de peso. También los elabora por encargo, aumentando la demanda, y es que quienes hemos tenido la suerte de probarlo, calentito, recién sacado del horno no podemos resistir la tentación de seguir comiendo, incluso solo, no como acompañamiento porque sencillamente sabe a gloria. Seguimos salivando con su bollo preñao y con su bizcocho, ambos con recetas tradicionales y sencillas, exquisitos. Empieza a ser habitual que en los eventos que tienen lugar por el municipio se ofrezcan estos productos que en muy poco tiempo desaparecen de la mesa.

No tiene predilección a la hora de cocinar un plato, es una todo terreno, porque como señala "tengo que prepararlos todos, que más me da". Aunque reconoce que le da cierta pereza hacer el pan y el bollo preñao.

Se aconseja hacer reserva para los fines de semana, pero nadie se va a marchar de su local sin comer. Los lunes por la tarde cierran no tanto para descansar como para encargarse de comprar la mercancía a proveedores cercanos, prestando especial atención a la calidad.

Durante nuestra conversación van llegando clientes habituales, y el ambiente es distentido, hay un claro clima de confianza. Le preguntan a Conce por sus nietos, sobre todo por el más pequeño que por su corta edad y desparpajo parece hacer las delicias de la gente y arranca así alguna que otra propina.

Es inevitable hablar de la crisis, de la comparación con años pasados, y queda claro que el momento que vivimos aún es complicado. En otros tiempos los dos comedores estaban llenos y un buen número de gente esperando, ahora no es así, indudablemente el número de comidas que se sirven ha descendido. Siente cierta nostalgia por el ambiente que se vivía la semana antes de la fiesta de Santullano, un nutrido grupo de jóvenes del concejo acudían al bar y le daban cierta magia a los días pre festivos. Algo parecido sucedía en las Navidades, había mucha gente y mas consumo.

Desde luego no corren todavía buenos tiempos, pero La Cabaña de Conce sale airosa, la clave: una cocina tradicional, platos sabrosos, abundantes, precios muy razonables y un trato familiar.

Una vez más, gracias por poner a Santullano y a Las Regueras en el mapa gastronómico.